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| "Hay que medir de otra forma la pobreza”1 DANIELA PASTRANA Las alegres cifras de la Secretaría de Desarrollo Social palidecieron cuando el presidente Vicente Fox aceptó que México es la novena economía del mundo, pero no ha logrado resolver su grave déficit social. ¿Y los 3.4 millones de pobres menos que presumía hace unos meses el gobierno federal? ¿Y los 700 mil nuevos “clasemedieros”? Estudiosa del impacto de las políticas públicas de atención a los más pobres del país, Paulette Dieterlen asegura: “Las evaluaciones cuantitativas son insuficientes para medir la dimensión de la pobreza”
Un botón, de su experiencia personal en comunidades que recibían Progresa: "Cuando les preguntaba a las señoras en qué gastaban el dinero contestaban que en comprar la falda para el bailable de fin de cursos. Al principio se me hizo curioso, claro, es esta mentalidad que tenemos de decir: ‘son personas en pobreza extrema, ¿por qué gastan en eso?, vamos, ¿para qué hacen bailables?’ Pero después entendí que la pobreza tiene esta dimensión de autoestima, que tiene que ver con cómo una persona se concibe a sí misma". Paulette Dieterlen está convencida de que la filosofía tiene una aplicación directa en el estudio de las políticas públicas de desarrollo social. En 1998, tomó un año sabático para investigar Progresa, el programa estrella de combate a la pobreza del sexenio anterior, e invitada por José Gómez de León, el coordinador del programa, trabajó en tres comunidades de San Luis Potosí. De ahí surgió el libro La pobreza: un estudio filosófico, editado por la UNAM y el Fondo de Cultura Económica, donde la investigadora plantea la necesidad de redefinir las políticas públicas en función de una medición ética y no sólo económica de la pobreza. "Las formas de evaluación cuantitativas son necesarias, pero no suficientes para juzgar el impacto de un programa de políticas públicas", dice. En su estudio, aclara, no pretendió hacer una crítica al programa, sino ver cómo se aplican los conceptos generales de justicia distributiva, derechos sociales e igualdad, en un programa distributivo concreto. Y lo pone así: la Constitución está llena de derechos sociales que en la práctica no han encontrado mecanismos para su aplicación. "En salud es muy claro –dice–, constitucionalmente todos los mexicanos tendríamos que tener derecho hasta un trasplante de corazón, pero obviamente hay una escasez de recursos tremenda; tenemos que plantearnos, entonces ¿cómo se pueden implementar realmente estos derechos que están señalados en la Constitución y que no sirvan nada más como normas programáticas o slogans de campaña?" Y hay otro problema: el legal. "Si poner una demanda puede parecernos complicado, estas personas (que viven en condiciones de pobreza extrema) están a años luz de poder establecer demandas por carencia de servicios educativos o médicos. En muchos casos ni siquiera tienen la conciencia de que tienen un derecho a ese servicio". Su experiencia en el campo –dice Dieterlen– le permitió desmitificar juicios a favor o en contra de la aplicación del Progresa, que es la base del actual programa de atención a los más pobres. Uno de ellos, que promueve la igualdad porque está enfocado a las mujeres. "Sí lo creo", dice. A pesar de que –sobre todo al principio– muchas mujeres sufrieran maltrato de sus esposos por recibir el dinero, el hecho de que se les identificara como "Mujeres de Progresa" y de que al final sean ellas quienes toman las decisiones del gasto modificaba su condición. "Además, había el intento de tener un cierto monitoreo en la figura de las voluntarias. En caso de que una mujer fuera muy sometida, sí se avisaba a la coordinación". Otro aspecto que le atrajo fue la entrega directa de dinero. "Se atacó mucho que les dieran el dinero, pero para ellos era tener una necesidad básica y elegir cómo se satisfacía esa necesidad. Entonces, si alguien tenía la costumbre de tortillas compraba tortillas, pero si tenía la de pan compraba pan... o lo que fuera". (En muchas comunidades los hombres usaban el dinero para comprar aguardiante). Para Dieterlen, los principales problemas de Progresa están en otro lado. Uno, que la diferenciación de familias beneficiadas dentro de una misma comunidad sí rompía el tejido social, y dos, que no llegó a la gente más necesitada porque el programa presuponía que había una escuela o un hospital cerca de la comunidad. "Justamente las personas más abandonadas son las que no tienen nada cerca y se hace un círculo vicioso", dice. Lo explica así: con la aplicación del programa la matrícula escolar y la solicitud de servicios médicos crecieron considerablemente, pero los recursos médicos y educativos no son suficientes para cubrir la demanda. –Es el nudo de las últimas administraciones. ¿Qué va primero? ¿La infraestructura? –Yo creo que sí... En México hay mucho miedo al paternalismo, que habría que discutir, pero hay personas que se pasan siete u ocho horas para conseguir agua, entonces, hay que ponerlas primero en cierto límite para que puedan desarrollarse económicamente. Mientras eso no se resuelva, creo que cualquier otro proyecto no va a ser exitoso. Para la presentación del libro de Dieterlen, el subsecretario de Planeación y Evaluación de la Sedeso, Miguel Székely, realizó una encuesta entre los beneficiarios de Oportunidades. Los resultados dan pistas de la percepción que tienen los más pobres de sí mismos. Por ejemplo, a la pregunta de "¿Quiénes son los pobres?" 42.68% dijo que los que no tienen qué comer. Otras preguntas similares muestran que tener comida es lo que mejor describe en esta población la condición de bienestar o vida digna, muy por arriba de otros tópicos como salud y educación. (Vivir con tranquilidad o tener una familia unida tienen porcentajes de 1%). Y ¿cómo entienden justicia social? 49.72% piensa que eso significa "proteger más a los pobres" o "que cada quien reciba según sus necesidades"; contra 25.22% que sigue la línea de que cada quien reciba según su esfuerzo o sus capacidades y 12.1% que piensa que es "dar a todos lo mismo". En el terreno de los derechos, las percepciones se confunden. Dos terceras partes de los encuestados considera "una ayuda" o "un favor" el dinero que recibe, contra 33% que lo ve como una obligación del gobierno. Sin embargo, 57.19% piensa que corresponde al gobierno acabar con la pobreza. También hay un alto grado de fatalidad. A la pregunta de "¿Por qué existen pobres?" 16.52% dice que "en el mundo siempre hay ricos y pobres"; 5.31% piensa que "es la voluntad de Dios"; y 5.29%; dice que "la sociedad es injusta". La suma de estas tres condiciones supera el 26% que atribuye la pobreza a que el gobierno no ha funcionado bien en el pasado. "Lo que me impresiona mucho es la falta de estudio que hay en filosofía" reflexiona Dieterlen. "Si uno lee autores de países industrializados, su preocupación es cómo justificar la motivación de los países ricos para ayudar a los países pobres. A mí lo que me interesa es decir: ‘no tenemos que ir a Bangladesh, toda esta discusión la tenemos aquí, y no lo estamos discutiendo’". –El tema está en el discurso oficial... –En números cuantitativos y a veces con muy buenas intenciones. El problema es que los pobres extremos no son grupos de presión. –Después de 1994 Chiapas recibió una inyección de recursos que nunca había tenido... –El movimiento zapatista es un grupo de presión político, pero es un sector, dentro de toda la población de pobreza en México, relativamente pequeño. Y además el caso tuvo otras implicaciones, porque los recursos no fueron para las comunidades zapatistas. Dice en su libro que las políticas públicas de combate a la pobreza se han implementado tomando en cuenta individuos y familias, pero no se han considerado aspectos específicos de cada cultura. ¿Qué es lo importante, focalizar o localizar? "Lo ideal sería que los programas se hicieran regionalmente. Esto nos llevaría a una organización social distinta, con más participación comunitaria, de municipios, de estados, más fortaleza al federalismo y muchísimos más recursos... Es lo ideal, obviamente".
[1] Dieterlene Paulette. "Hay que medir de otra forma la pobreza”. [documento htm]. JORNADA, http://www.jornada.unam.mx/2003/09/21/mas-daniela.html |
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Lema: Asociación de Madres Solteras y Grupos Vulnerables para el Desarrollo Social. "Por un trato más digno yo madre soltera aquí estoy A.C."
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