Se diría que
vivimos, en las grandes empresas, un cierto tránsito parcial
de la tradicional formación continua en aula, a la más
novedosa –el e-learning– servida por ordenador. Se
han puesto en funcionamiento potentes plataformas, se han
incorporado los correspondientes cursos on line, y se
ha instado a los individuos a servirse. Pero, observando el
mercado, más que un paso del restaurante tradicional al
self service, podría pensarse a veces que estamos ante
la comida rápida, de cuestionada calidad. Por ejemplo, vemos
cómo se promete aprender a negociar con éxito en apenas 30
minutos on line, o cómo se argumenta que, en e-learning,
no importa la calidad de los contenidos sino la motivación
de los alumnos. Se llega a decir que, en e-learning,
el éxito se mide por las personas que terminan los cursos (end
rate), sin referirse al aprendizaje y la consiguiente
mejora del desempeño, propósito éste que no debería ser
objeto de adulteración o corrupción. ¿Qué está pasando con
el e-learning corporativo en España?
No consiguiendo,
quizá, encarar las expectativas de calidad de los usuarios,
se dice ya que el e-learning debe complementarse con
formación en aula, y se predica el blended learning.
Empero, la cosa no es tan fácil para los responsables de
recursos humanos, porque hay quien sostiene que la mayoría
de los proveedores que son excelentes en e-learning
no lo son en formación presencial, y al revés. Curiosamente,
quien esto sostiene, Carlos Pelegrín, Director de Desarrollo
y Formación de Telefónica de España, también dice en un
libro que, en e-learning, los mejores resultados se
obtienen con contenidos de calidad media, ya que “los
contenidos excelentes no aseguran absolutamente nada,
e incluso pueden conducir al fracaso”. Pero quizá lo de
la excelencia, hablando del e-learning, sea
una exageración: los usuarios no parecen mostrarse muy
satisfechos con el tránsito. Se viene además reconociendo en
diferentes foros que el e-learning es mucho más
potente de lo que se está viendo, aunque se añade que
hacerlo bien resulta caro.
Reingeniería en marcha
Cogiendo
distancia, parece incuestionable que la formación continua
precisaba de una cierta reingeniería que apuntara,
sinérgicamente y entre otros, a algunos objetivos concretos.
Este articulista, aunque introduce lo de la autotelia, no
inventa realmente nada, y quizá olvida algo:
§
Impulso del
autoconocimiento, la autocrítica y la mejora permanente.
§
Protagonismo y
motivación intrínseca de las personas, para un aprendizaje
sólido y autotélico.
§
Combinación de la
formación orientada a la tarea con el desarrollo de
competencias técnicas y personales.
§
Eficacia de los
esfuerzos aplicados, que se traduzca en resultados
empresariales.
§
Desarrollo
estratégico de directivos junior, que asegure la consecución
de los cambios socioculturales pendientes.
§
Aprovechamiento del
avance técnico y metodológico.
§
Atención al corto,
medio y largo plazo.
A esta evolución
contribuyeron quizá elementos como el aprendizaje servido
por ordenador, el competency movement, los cambios
culturales en las empresas, la difusión de la
serendipitosa Red (Internet), la necesidad de mejorar la
competitividad, postulados como la learning organization
y el knowledge management, etc. En los párrafos
que siguen, si el lector nos acompaña, nos referiremos
particularmente al e-learning, y explicaremos lo del
herrador y el banco.
El e-learning
corporativo
Ya desde que
apareció la Enseñanza Asistida por Ordenador en los años 80,
los proveedores mostraron gran confianza en el desarrollo de
la modalidad, y también las grandes empresas del sector de
la tecnología parecieron apostar por ella en nuestro país
(Telefónica, Alcatel...). Su desarrollo, sin embargo, fue
discreto cuantitativa y cualitativamente, hasta que llegó la
explosión de Internet para reforzar las expectativas, y se
empezó a ver (finales de los 90) el e-learning como
una especie de imparable avalancha: los proveedores se
asociaron (APeL, AEFOL) en 2001 en defensa de sus intereses,
las grandes empresas montaron sus plataformas, y el e-learning
constituía ya un sonoro buzzword del escenario
neosecular.
¿Qué ha pasado en
el periodo 2000-2003? Pues parece que el e-learning
corporativo no está siendo suficientemente eficaz, y se
empieza a hablar, por ejemplo, de la googlelización
del mismo, de que lo bueno son los simuladores, y de que el
e-learning debe combinarse con formación presencial (blended
learning). Ya nos hemos referido a ellas en otros
artículos, pero cabe recordar aquí llamativas declaraciones
de José Ignacio Díez –consejero delegado de FYCSA
recientemente elegido vicepresidente de la Asociación de
Proveedores de e-Learning (APeL)– que identifican el éxito
de la formación on line con el start rate y el
end rate, sin aludir a los niveles de Kirkpatrick; y
que relativizan la importancia de los contenidos, recordando
que “quien más y quien menos –aquí el autor alude a
la universidad y a los apuntes que tomábamos, para sostener
su argumentación– se ha visto obligado a adquirir
conocimientos complejos con medios precarios”. Aunque
FYCSA se dedica a la creación de contenidos on line,
a medida y de catálogo, Díez recomienda a las empresas que
dosifiquen bien su inversión en contenidos, y apunta a los
elementos motivacionales como factor de “éxito” (es decir,
para lograr una elevada participación de las personas en los
programas on line). Este proveedor declara que
alcanza, en los proyectos on line que gestiona, un
end rate global del 72,6%, y habla de éxito en los casos
que superan el 75%.
Por otra parte,
hay que recordar que la participación de las personas en los
cursos on line se estimula a veces mediante sistemas
de puntos o créditos con recompensa posterior. Uno, que
durante años se dedicó al diseño de cursos off line y
on line, y a la función de seguimiento tutelar en
campus virtual, cree que el e-learning requiere
motivación intrínseca y que ha de ser autotélico; cosa
bastante distinta de lo que pasaba en la universidad, en la
que, en general, el aprendizaje era más exotélico y la
motivación más extrínseca: estudiábamos, sobre todo, para
aprobar, y quizá no tanto para aprender. Consideramos, pero
no compartimos plenamente, en suma, la analogía de Díez
entre la formación continua y la universidad.
Blended
learning
Parece sostenerse,
en general y como ya hemos recordado, que, para mejorar la
calidad y eficacia de la formación, el e-learning
debe combinarse, a modo de refuerzo, con sesiones
presenciales en aula. Bien, pero, ¿no sería más (o
igualmente) propio hablar de formación presencial que, para
mejorar su rendimiento o rentabilidad, se ayudara de
sesiones individuales on line, como también y según
los casos, de lecturas de interés o de ejercicios
individuales y colectivos? Efectivamente, habría que
analizar cada caso, y, cuando necesitemos un ejemplo, nos
referiremos en este artículo al desarrollo de las
denominadas soft skills que, en realidad, son
necesarias tanto para directivos como para knowledge
workers y otros colectivos.
Ante la necesidad
de desarrollar fortalezas o habilidades como el pensamiento
conceptual, la perspectiva sistémica, la capacidad de
síntesis, la empatía, el liderazgo, la creatividad, la
alegación, la evaluación, la intuición, la expresión oral y
escrita, la indagación, la conciencia organizacional, la
integridad, la iniciativa o el autodominio, cabe preguntarse
si ello es posible; y, para responderse, cabe pensar primero
en los riesgos e inconvenientes que su carencia genera.
Efectivamente, se puede avanzar hacia estas metas y otras
parecidas, y además, vale la pena intentarlo. El e-learning,
que apareció concurriendo con el competency movement,
parece haberse mostrado insuficiente para estos propósitos;
pero uno duda de si la insuficiencia está en el propio
método, o, más probablemente, en los contenidos ofrecidos.
Nos sumamos a los que piensan que el e-learning
podría dar mucho más de sí, en lo que a eficacia didáctica
se refiere, mediante contenidos de calidad.
Si el e-learning
no estuviera contribuyendo al aprendizaje, habría que cerrar
y “quitar el banco”, como si el herrador no herrara; o,
dicho de otro modo, si el e-learning no resultara
eficaz, debería despejar el horizonte y rendirse a la
formación en aula, o al desarrollo de otros métodos
eficaces. Una frase discutible (propia): “La formación
continua de los trabajadores y directivos debe encargarse,
si es posible, a profesionales de la docencia en los campos
correspondientes, que se ayudarán de los métodos más idóneos
y rentables, atendiendo al protagonismo de los individuos y
a la consecución del aprendizaje y la mejora del desempeño”.
El tono la hace sospechosa, pero viene a decir que la
formación eficaz es cosa de docentes expertos, y no de
tecnólogos o de inexpertos: a veces una perogrullada resulta
oportuna, si el lector me permite pensar en alto.
Tanto el diseño de
cursos on line, como el seguimiento tutelar o la
impartición en aula, habrían de ser obra de buenos docentes,
y lo digo porque, desde mi limitada observación, he echado
de menos la magia del buen docente en demasiadas
ocasiones, cuando accedía a demos de e-learning.
De hecho, la formulación de pretenciosos objetivos en cursos
on line de apenas un par de horas (o menos) de
duración, parece –como seguramente diría Javier Martínez
Aldanondo, prestigioso consultor de este sector– una
trivialización del aprendizaje.
Herrar o
quitar el banco
Pues eso: si el
e-learning no demostrara su eficacia como método
alternativo e independiente, habría que situarlo,
definitivamente, en la lista de métodos complementarios o
dependientes, o de learning aids. Desde mi modesto
punto de vista, el e-learning corporativo tendría que
haber mostrado ya su independencia en no pocos campos y en
etapas específicas, porque la tradicional formación a
distancia, o aquella minoritaria enseñanza programada
impresa, han funcionado como métodos alternativos durante
décadas. El e-learning debe hacerlo. El e-learning
debe mostrar su eficacia (conseguida mediante contenidos
bien concebidos por expertos) y rentabilidad en la
consecución de objetivos concretos y realistas.
Pero, si por
herrar entendemos poner las herraduras a las caballerías, y
para ello necesitábamos el banco, ¿qué entendemos por e-learning?
Básicamente, el aprendizaje mediante contenidos y servicios
que nos llegan por el ordenador. Naturalmente, un buscador
nos puede llevar a contenidos de interés, pero parece más
aconsejable disponerlos ad hoc, en las plataformas o
campus virtuales ya desplegados en las empresas. Ha habido
quizá una tendencia a convertir los cursos on line en
escenario de alardes técnicos multimedia y ostentación de
interactividad; no obstante, según los objetivos a
conseguir, un texto lineal (que incluso se saque por
impresora) podría resultar suficiente y satisfactorio:
depende del caso, y sin olvidar consultas a tutor y
participación en foros virtuales y virtuosos. La calidad de
los contenidos nos parece inexcusable, y también nos parece
importante disponer un diálogo usuario-sistema, cuando es
necesario y está bien concebido, como en aquella enseñanza
programada impresa. A fin de autoevaluación y refuerzo
didáctico siempre vendría bien el diálogo, a menos que las
preguntas o respuestas del sistema añadieran poco o nulo
valor.
En espera de la
opinión del lector, uno se decanta por productos de e-learning,
de catálogo o a medida, de sólido y eficaz contenido, con la
necesaria dosis multimedia y de interactividad, que
propicien la consecución de objetivos concretos y
edificantes. Hay, seguramente, objetivos que pueden
alcanzarse mediante e-learning, y hay también otros
que quizá demandan otros métodos, únicos o combinados; pero
siempre ha de hacerse un buen uso de cada método, ya que es
el contenido lo que da sentido al continente (otra
perogrullada). Son, desde luego, muchas las voces que
apuestan por la eficacia y la calidad.
Preocupados por la calidad y eficacia del e-learning
Las demandas de
eficacia y satisfacción de los usuarios son constantes, y
sólo recogemos aquí una pequeña muestra. José Antonio Ortego,
de Oracle, señala que “los programas de formación on
line, para que tengan éxito, deben reunir unos
requisitos mínimos de calidad”. Ángela Cruz, directora
de Alcatel University, señala: “El contenido de los
cursos es de máxima importancia para una experiencia
positiva”. Antonio Peñalver, del SCH, se muestra también
preocupado por el aspecto pedagógico, y habla de “conseguir
un aprendizaje armónico y sencillo para el usuario”; y
refiriéndose a la fidelización de los usuarios, Peñalver
dice: “El grado de satisfacción del usuario con la oferta
formativa hace que se sienta cada vez más proclive a
realizar actividades docentes...”. Los expertos de la
UOC, María Teresa Arbués y Lluís Tarín, parecen considerar
fundamentales los materiales didácticos, y sostienen: “En
el contexto de la formación virtual, la creación, diseño y
estructuración de los materiales y recursos didácticos son
etapas de un proceso fundamental, que se ha de abordar con
rigor para asegurar la calidad de los programas y la
facilitación del aprendizaje”. Carlos González, de Caja
Madrid, dice que “...la tecnología es una condición
necesaria (...) pero la suficiencia que puede garantizar el
éxito proviene de ofrecer servicios y contenidos desde una
perspectiva cliente-proveedor”.
Seguimos. En la
web de Capgemini se lee: “La disponibilidad de
contenidos de calidad, atractivos y eficaces, unido a la
utilización de una plataforma líder de mercado, le permite
iniciar los procesos de e-learning en su empresa, con
TODAS LAS GARANTÍAS DE ÉXITO”. Javier Martínez Aldanondo
sostiene: “La razón por la que muy poca gente es capaz de
disfrutar haciendo un curso vía e-learning es porque
quien lo ha diseñado, lo ha hecho pensando en sí mismo, en
lo que sabe y en lo que cree que los demás deben saber”.
Marie Christine Jené, de ITACA: “Pero poca gente se ha
parado a pensar en la necesidad de llenar de contenidos
estos potentes soportes, y aún menos de contenidos con
calidad, adaptados a las necesidades del usuario final”.
Y más. Leemos en vnunet.es: “En segundo
lugar, la consultora (se refiere a Forrester) llama
la atención sobre los desastrosos efectos del uso de
contenido pobre o aburrido, ya que constituye uno de los
principales enemigos del éxito del e-learning y
conduce directamente al rechazo por parte de sus potenciales
usuarios. De acuerdo con Forrester, el contenido que
simplemente responde al requerimiento de poder leerse en un
soporte electrónico no es el que atrae la atención de los
usuarios, y si no responde a las verdaderas necesidades de
los alumnos permanecerá inutilizado. Ante este riesgo es
necesario asegurarse de que el contenido está bien producido
desde el punto de vista técnico y que su diseño atrae a los
alumnos, de manera que seleccionar cuidadosamente los
contenidos que necesita cada uno de los empleados para
crecer profesionalmente a largo plazo es mucho más efectivo
que limitarse a adquirir librerías de contenidos con
centenares de títulos; sin olvidar que también resulta
fundamental asociar los contenidos seleccionados a las
competencias clave de los empleados de la organización”.
Un
ejemplo
Creemos que queda
patente la preocupación por la calidad, pero ahora vamos a
ver etapas de desarrollo en que el e-learning podría
ser autosuficiente, sin acompañarse de otros métodos. A
menudo, cuando envío mis textos a las personas que en los
mismos cito, me preguntan qué pretendo con mi artículo, y me
sugieren matizaciones que incorporo; en este texto y
modestamente, intento defender la independencia del e-learning
como método, sin perjuicio del blended learning
cuando resulte inexcusable, y siempre con las debidas
exigencias de calidad. Entiéndase bien que defiendo la
independencia del e-learning en casos concretos y no
de modo universal, y lo mejor, si el lector sigue conmigo,
es que ponga un ejemplo. Pues eso: por ejemplo, el e-learning
podría resultar independiente (o sea, autosuficiente), como
alternativa al aula, en los tres o cuatro primeros pasos del
desarrollo de soft skills. Veamos los pasos.
1.
Pleno
conocimiento de la anatomía y dimensiones de la soft
skill.
2.
Sensibilización sobre el aporte de la misma al desempeño.
3.
Estudio
de riesgos generados por las carencias correspondientes.
4.
Evaluación/autoevaluación del individuo, con feedback
si fuera preciso.
5.
Plan de
mejora, establecido con tutor (coach).
6.
Acciones
de desarrollo de cada dimensión de la competencia.
7.
Seguimiento tutelar del progreso, a modo de coaching.
8.
Reflexión-introspección.
9.
Asentamiento e interiorización.
10.
Comprobación de la mejora del desempeño y los resultados.
Mi modesta
impresión, si se acepta esta secuencia, es que, para no
pocas habilidades cognitivas y emocionales, al menos los
tres primeros pasos podrían resolverse mediante e-learning,
como alternativa idónea (por más rentable y flexible) a
otros métodos. Incluso, como ya he postulado en otros
artículos, el desarrollo de soft skills podría
emprenderse por familias. Por referirme a casos concretos,
yo recomendaría abordar, en su caso y en paralelo, el
desarrollo del pensamiento conceptual, el sistémico, el
analítico y el sintético; y recomendaría cultivar juntas la
intuición, la creatividad y la serendipidad. Tal vez se verá
aquí algún subyacente intento de exoterizar lo
esotérico, y también un reconocimiento del solape entre
competencias.
Concluyo
Con la pretensión
de alimentar el debate, he querido argumentar que un e-learning
de calidad puede conseguir metas sólidas y concretas, sin
necesidad de combinarse con otros métodos; pero,
naturalmente, si las metas son ambiciosas y lejanas (por
ejemplo, el desarrollo de soft skills en personal
directivo, a lo largo de todos los pasos necesarios), parece
necesaria una coordinada combinación de acciones y métodos.
Claro, si los contenidos del e-learning no resultaran
idóneos, habría que “quitar el banco” y cambiar de método...
Lo que yo no veo bien es que se haga aparecer la formación
en aula como mero refuerzo del e-learning, para
neutralizar sus debilidades; dicho sea sin ánimo de llevar
razón.
En suma y aunque
sorprende, si verdaderamente los proveedores de formación se
especializan, organizan o asocian por métodos, como está
ocurriendo (APeL, por ejemplo), convendría definir bien las
posibilidades actuales (podrían ser muchas más que las que
vemos) del e-learning: qué campos puede abordar, qué
objetivos puede alcanzar, a qué usuarios se dirige, qué
formas adoptan sus contenidos, qué niveles de calidad son
exigibles, qué hay que hacer para alcanzarlos, etc. Sólidos
fundamentos tendrá el Director de Desarrollo y Formación de
Telefónica, al sostener su visión de la calidad ofrecida por
los proveedores de formación, porque esta gran empresa es
uno de los principales clientes del mercado, dispuesta
además a invertir 10 millones de euros en e-learning
en 2004, tras anunciarlo previamente; por eso quizá habría
que definir mejor las conexiones
objetivos-métodos-contenidos. Se trata –eso nos parece– de
alcanzar un aprendizaje eficaz y autotélico que mejore los
resultados empresariales: este propósito debería imponerse
sobre cualquier asomo de trivialización, adulteración o
corrupción del aprendizaje permanente. De otro modo, no
sabríamos de qué estamos hablando.
Por añadir algo más de propia cosecha, yo
recomendaría algo concreto: que hubiera productos
“universales” (y, por tanto, a mejor precio) para los tres
primeros pasos del desarrollo de las principales
competencias cognitivas y emocionales de los directivos y
knowledge workers, y que luego cada empresa emprendiera
los siguientes pasos más “a medida”. Difícilmente se puede
entender de manera muy distinta el pensamiento conceptual, o
el sistémico, o la empatía, o la iniciativa, o la
conversación penetrante, o el autocontrol, o el liderazgo, o
la flexibilidad, etc., por diferentes clientes, aunque sus
modelos de competencias no sean coincidentes. Pero
seguramente hay otros espacios en que el e-learning
puede resultar eficaz y autosuficiente; y habrá igualmente
otros espacios para una cierta polivalencia de los
contenidos, que mitiguen el coste de lo “a medida”. Lo dejo
aquí. Espero haber contribuido un poquito al debate, y
estaré atento a su evolución (la del debate en el sector);
naturalmente, no pretende uno imponer sus alegaciones, sino
apenas nutrir una discusión más penetrante.