Educación e instrucción
La instrucción hace referencia a los
conocimientos que se pueden adquirir por
cualquier medio y sobre cualquier tipo de
materias. Una persona se puede instruir sin la
necesidad de un maestro. Por ejemplo la lectura
o las conversaciones mantenidas nos instruyen
aunque puedan o no educarnos. Por el contrario,
la educación se sirve de preceptos, ejercicios y
ejemplos con los que desarrollar las facultades
intelectuales, culturales, físicas y morales de
las personas. Acción y efecto de educar, formar,
instruir.
Una vez concretados los conceptos las
diferencias son evidentes. La educación requiere
plazos más largos y difíciles de precisar que
los de la mera instrucción, que supone la
acumulación de conocimientos. La educación
abarca toda la personalidad del individuo.
Para no caer en la mera instrucción, la
educación tiene que superar los obstáculos que
suponen tener un tiempo asignado a cada materia,
los plazos que marcan las planificaciones y la
cantidad y heterogeneidad de alumnos y alumnas
que se dan en los centros educativos actuales.
El objetivo debe ser el desarrollo de todas las
capacidades humanas teniendo en cuenta la
individualidad de la que somos portadores cada
uno de nosotros. Haciéndonos dueños de nuestras
ideas y conductas y por lo tanto de nuestra
vida.
Esfuerzo, hábito y método han sido, durante
siglos, las claves para entender que es menester
haber aprendido mucho para llegar a saber un
poco (Montesquieu). Partiendo de estas premisas,
grandes pensadores como Locke tenían claro que,
para educar, no debe ocuparse todo el tiempo en
dar lecturas y dictar magistralmente al alumno
aquéllo que debe observar y respetar. Escucharlo
a su debido tiempo y acostumbrarlo a razonar
sobre lo que se propone le darán mayor aprecio
por el estudio y la instrucción.
Si educar es el camino que nos otorga
libertad, la instrucción se convierte en el
aprendizaje de los conocimientos que necesitamos
para cumplir una función social. Esto sí que lo
hemos comprendido en nuestro tiempo.
Parece
que la educación, hoy, se orienta
prioritariamente al estudio de contenidos que el
alumno debe aprender para luego demostrar, por
medio de un examen, lo que sabe, aunque sea
memorísticamente.
Quienes rechazan las políticas sobre
educación orientadas por evaluaciones
estandarizadas, afirman que el teach to the test,
es decir, enseñar para ser examinado, es un gran
fracaso educativo.
Está claro que la instrucción es necesaria,
pero las leyes que sólo tengan a ésta en cuenta,
no lograrán formar una sociedad educada.